Variete a la crem

Thursday, October 05, 2006

Se tiran, se tiran

Suicidio colectivo, anuncia el señor de traje. Con su varilla de madera señala un punto en el mapa, que está colgado detrás de él. Buenos Aires: 99% de humedad.
Hay sol y celeste afuera. Mis pelos, en su lugar. ¿De qué está hablando hombre?
25º y viento sur, grita mi mamá desde el living. Ponete algo abrigadito.
¡¿Qué?! Es octubre y jazmines en el florero.
Repite: suicidio colectivo. El señor pelado de traje marrón
no está mirando por mi ventana. Que alguien le avise que está haciendo un papelón al aire.
Ponéte abrigo y el vestido negro. Si querés, lleváte el velo. Hacéme caso, Ana, nunca fuiste a un entierro.
Hoy hay suicidio colectivo, dice mi hermana que dijeron. Avisa que no va a ir, que se queda en cama. ¿Yo puedo elegir? No. O sí, pero no me quedo. Llevátelo, llevátelo. Mamá parece que tampoco va a salir.

Mediodía. Llama a la oficina. Todavía no pero a la tarde sí. A la tarde, dicen que a la tarde, que a las cinco. Se matan, se matan, se tiran. Dicen eso, se tiran. Quiero que andes con alguna compañía a esa hora, que la muerte duele más en soledad.

Las cinco, las seis, las siete…

Las ocho menos cuarto. Las muertes grises mueren, de nuevo, sobre mi frente y mi boca; me escalofrían la espalda.La pollera blanca se vuelve transparente. Y siguen, se tiran, se tiran, caen, caen, se suicidan. Una a una, todas juntas, otra después. Menos mal que Ulises ya se fue, menos mal que nadie me abraza.

Disfruto del peso de la vida muriendo feroz y suicida sobre mí

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