Se tiran, se tiran
Suicidio colectivo, anuncia el señor de traje. Con su varilla de madera señala un punto en el mapa, que está colgado detrás de él. Buenos Aires: 99% de humedad.
Hay sol y celeste afuera. Mis pelos, en su lugar. ¿De qué está hablando hombre?
25º y viento sur, grita mi mamá desde el living. Ponete algo abrigadito.
¡¿Qué?! Es octubre y jazmines en el florero.
Repite: suicidio colectivo. El señor pelado de traje marrón no está mirando por mi ventana. Que alguien le avise que está haciendo un papelón al aire.
Ponéte abrigo y el vestido negro. Si querés, lleváte el velo. Hacéme caso, Ana, nunca fuiste a un entierro.
Hoy hay suicidio colectivo, dice mi hermana que dijeron. Avisa que no va a ir, que se queda en cama. ¿Yo puedo elegir? No. O sí, pero no me quedo. Llevátelo, llevátelo. Mamá parece que tampoco va a salir.
Mediodía. Llama a la oficina. Todavía no pero a la tarde sí. A la tarde, dicen que a la tarde, que a las cinco. Se matan, se matan, se tiran. Dicen eso, se tiran. Quiero que andes con alguna compañía a esa hora, que la muerte duele más en soledad.
Las cinco, las seis, las siete…
Las ocho menos cuarto. Las muertes grises mueren, de nuevo, sobre mi frente y mi boca; me escalofrían la espalda.La pollera blanca se vuelve transparente. Y siguen, se tiran, se tiran, caen, caen, se suicidan. Una a una, todas juntas, otra después. Menos mal que Ulises ya se fue, menos mal que nadie me abraza.
Disfruto del peso de la vida muriendo feroz y suicida sobre mí
Hay sol y celeste afuera. Mis pelos, en su lugar. ¿De qué está hablando hombre?
25º y viento sur, grita mi mamá desde el living. Ponete algo abrigadito.
¡¿Qué?! Es octubre y jazmines en el florero.
Repite: suicidio colectivo. El señor pelado de traje marrón no está mirando por mi ventana. Que alguien le avise que está haciendo un papelón al aire.
Ponéte abrigo y el vestido negro. Si querés, lleváte el velo. Hacéme caso, Ana, nunca fuiste a un entierro.
Hoy hay suicidio colectivo, dice mi hermana que dijeron. Avisa que no va a ir, que se queda en cama. ¿Yo puedo elegir? No. O sí, pero no me quedo. Llevátelo, llevátelo. Mamá parece que tampoco va a salir.
Mediodía. Llama a la oficina. Todavía no pero a la tarde sí. A la tarde, dicen que a la tarde, que a las cinco. Se matan, se matan, se tiran. Dicen eso, se tiran. Quiero que andes con alguna compañía a esa hora, que la muerte duele más en soledad.
Las cinco, las seis, las siete…
Las ocho menos cuarto. Las muertes grises mueren, de nuevo, sobre mi frente y mi boca; me escalofrían la espalda.La pollera blanca se vuelve transparente. Y siguen, se tiran, se tiran, caen, caen, se suicidan. Una a una, todas juntas, otra después. Menos mal que Ulises ya se fue, menos mal que nadie me abraza.
Disfruto del peso de la vida muriendo feroz y suicida sobre mí

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