Brevaje
(para tomar sin prisa)
Beberé lo breve, dos veces bueno si. Menos malo si poco. Entonces, saco del cuadro el cuadro y le pongo punto al final que jamás lo sería sin el punto detrás. Y me renazco en las vías, donde tantos otros encarrilan sus vidas hacia otras que llaman mejores.
Beberé lo malo, lo tomaré rápido, mejor si breve el tiempo en que trago. Y no escupo porque entonces el cuadro volvería a estar dentro del cuadro y al punto le seguirían otros dos. Y ya no pasaría el tren por mí.
Beberé lo que hoy haya en las vías. Beberé la aridez de La Pampa y la humedad de Misiones. Beberé los galpones tatuados del Conurbano. Beberé el pasto amarillento de un invierno oxidado. Todo lo que hoy beba, todo, será de un sorbo. Sin respirar tragaré el jugo de luna blanca y el alicante rojo del ocaso.
Beberé el ácido de las retinas vencidas de tanto mirar. Beberé el cuadro, y el cuadro que hay dentro de él también beberé. Beberé las vías que se cruzan metros antes de la estación, beberé el tren que pasa por mí. Beberé lo breve y será doblemente bueno si lo bebo velozmente y beberé lo malo y lo poco de un trago. Beberé el punto, después de haber bebido los otros dos.
En el fondo del vaso dejaré el final, para beberlo y degustarlo y disfrutarlo y extasiarlo con todas las papilas de la boca y del cuerpo.
Beberé lo breve, dos veces bueno si. Menos malo si poco. Entonces, saco del cuadro el cuadro y le pongo punto al final que jamás lo sería sin el punto detrás. Y me renazco en las vías, donde tantos otros encarrilan sus vidas hacia otras que llaman mejores.
Beberé lo malo, lo tomaré rápido, mejor si breve el tiempo en que trago. Y no escupo porque entonces el cuadro volvería a estar dentro del cuadro y al punto le seguirían otros dos. Y ya no pasaría el tren por mí.
Beberé lo que hoy haya en las vías. Beberé la aridez de La Pampa y la humedad de Misiones. Beberé los galpones tatuados del Conurbano. Beberé el pasto amarillento de un invierno oxidado. Todo lo que hoy beba, todo, será de un sorbo. Sin respirar tragaré el jugo de luna blanca y el alicante rojo del ocaso.
Beberé el ácido de las retinas vencidas de tanto mirar. Beberé el cuadro, y el cuadro que hay dentro de él también beberé. Beberé las vías que se cruzan metros antes de la estación, beberé el tren que pasa por mí. Beberé lo breve y será doblemente bueno si lo bebo velozmente y beberé lo malo y lo poco de un trago. Beberé el punto, después de haber bebido los otros dos.
En el fondo del vaso dejaré el final, para beberlo y degustarlo y disfrutarlo y extasiarlo con todas las papilas de la boca y del cuerpo.

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