Variete a la crem

Saturday, September 23, 2006

Alimañas

La alimaña sonríe con sus dientes amarillos de anticuario poco visitado. Camina, chueca, mojándose con los últimos adioses del invierno. Y sonríe, la alimaña, con su cuerpo destartalado y sus ropas de colores superpuestas y malpuestas (porque jamás entenderá el orden artificial de la vestimenta). Pinchándose la nuca con los primeros rayos sulfurantes (y oxigenadores) de la primavera, salta las nuevas verjas negras de las plazas.

La alimaña sonríe y mira alrededor: vinchucas casi desnudas en la reposera improvisada, orugas lívidas con paraguas, peces espada esgrimiendo sus armas en las paradas de colectivo, arañas pollito abrazando con todas sus fuerzas a los caracoles que leen el diario. La alimaña sonríe mientras compra su séptimo helado del día.

La alimaña vuelve, despacio hasta su casa y escribre en su diario:

Pobres aquellos que se llenan la boca y sacan la lengua repleta de perdigones
Pobres los otros que se pasan las horas contando el cuento del tiempo y terminan de escribirlo cuando mueren

Tomó un vaso de juego de naranja exprimido y siguió:
Aboliría el paraguas de las orugas y las espadas de los peces. Demasiadas defensas terminan atacando.
Implementaría la desnudez como indumentaria. Y de vez en cuando permitiría taparla.

Porpondría una ley para cortar algunas manos a las arañas y se las pegaría a los bichos bolitas.

La alimaña cerró el cuaderno anillado de flores violetas y prometió seguir al día siguiente. Sonriendo, se acostó sobre la alfombra y se durmió, sonriendo.

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