Paraguas Amarillo
El paraguas amarillo está roto y vencido. Y se vuela con el viento norte que arremolina las aguas del Atlántico. El navegante lucha y tironea para que no se escape. Anda solo el joven viajante, anda solo con sus ganas de irse y su paraguas destartalado.
Cuando el océano hace eco de la calma, el marinero delgado y pelilargo sujeta al amarillo objeto que ya no se rebela mientras tararea una canción de raza negra y los pies siguen el ritmo golpeando los asientos del velero.
Se olvidó de darle dirección al timón, el navegante. Encalló en una isla de arena y de palmeras, sin nombre, sin humanidad a la vista. Se echó a descansar un rato bajo el sol y cuando despertó decidido a emprender la retirada, los ronquidos crujientes del motor le avisaron que cualquier despedida sería en vano.
Un grillo lo escucha apoyado sobre su huesudo hombro izquierdo. El viajante le cuenta las historias que hubieran ocurrido de no haberse quedado varado en esa isla. Hace días que ya no dibuja señas en el aire ni grita auxilios mirando el cielo. Ya no espera. Con el paraguas amarillo en su mano derecha baila una canción que tararea. Ya no espera irse. El joven marinero se sienta sobre la arena, aprendiendo a quedarse.
Cuando el océano hace eco de la calma, el marinero delgado y pelilargo sujeta al amarillo objeto que ya no se rebela mientras tararea una canción de raza negra y los pies siguen el ritmo golpeando los asientos del velero.
Se olvidó de darle dirección al timón, el navegante. Encalló en una isla de arena y de palmeras, sin nombre, sin humanidad a la vista. Se echó a descansar un rato bajo el sol y cuando despertó decidido a emprender la retirada, los ronquidos crujientes del motor le avisaron que cualquier despedida sería en vano.
Un grillo lo escucha apoyado sobre su huesudo hombro izquierdo. El viajante le cuenta las historias que hubieran ocurrido de no haberse quedado varado en esa isla. Hace días que ya no dibuja señas en el aire ni grita auxilios mirando el cielo. Ya no espera. Con el paraguas amarillo en su mano derecha baila una canción que tararea. Ya no espera irse. El joven marinero se sienta sobre la arena, aprendiendo a quedarse.

1 Comments:
At 4:37 AM,
Paranoica said…
Lo bueno del paraguas es que tiene una dolbe funcionalidad. Por un lado es capaz de protegernos de la hermosa lluvia que nos puede cambiar la sangre. También es capaz de protegernos de Prometeo y el sol. Aunque no es tan popular esta función, el marinero de la isla, que sólo o no, está aprendiendo a contar.
Post a Comment
<< Home