Variete a la crem

Wednesday, August 09, 2006

De payasos y nenas

Qué payasito simpático, que clown más cómico, con qué facilidad maneja a los chicos, cómo los divierte, es encantador...¿cómo es su nombre? Ahh como lo que comemos en casa los miércoles a la noche, con ensalada. Bueno en proteínas es usted, sí, sí, se nota. Bueno, no hace faltan los piropos, pero le agradezco el cumplido. Los halagos son menos pudorosos con ese plástico rojo decorándole la nariz.
Le puedo decir cualquier cosa si total usted es un payaso bien vestido, si total tiene un girasol gigante que escupe agua detrás de la oreja, si total su voz es una impostora robada de la Nana nasal. Si usted juega a ser, yo puedo jugar a decir ¿o no?


Me callo. Porque la nena que debajo del clown sólo veía un clown cumplió la mayoría de edad. Junto con la emancipación le dieron un papel que decía claramente: desgarrar las vestiduras, espiar por debajo de las ropas, demaquillar las palabras.

Me callo. Me callo también porque el payaso es cada vez más seriamente divertido, más profesionalmente entretenido, más deliberadamente educado.

Me callo. La nena y el payaso crecieron. Separados.

Me callo. Porque no hay otra historia que escribir más que aquella que ya fue. Aquella que ya fue escrita tantas veces. Aquella que ya fue escrita y reescrita tantas veces. Y tantas veces rota, borrada, tantas veces llorada y arrinconada contra el olvido.

Me callo. La nena y el payaso quieren. Quieren un mundo parecido. Parecidos los caminos para construirlo. La nena y el payaso quieren. Se quieren. De lejos. En caminos parecidos para formar mundos parecidos. La nena y el payaso son distintos. Son distintos de antes cuando se querían juntos. Juntos por el mismo camino para llegar al mismo mundo.

Me callo. La nena ya no cree en los payasos. El payaso ya no cree que sea una nena.


Me callo. Sin payasos ni nenas no tiene sentido seguir narrando un texto de payasos y nenas

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