Lolitas
En la borra del café sin crema leyó Dolores la pregunta que se le cayó a él desde el rulo más travieso que se atrincheraba tercamente en su frente. Sabía que no la iba a responder, que no podía, que no quería. Evitó la duda que se desnuda ante la reflexión, entonces eludió la reflexión que se desviste en el tiempo en que el reloj inconscientemente suspira, exhala, aspira, inhala, ronca. Vendó los ojos inquisidores de la razón, lavó la taza una, dos y tres veces; raspó con la fuerza de sus brazos angostos el fondo del recipiente, el fondo donde siempre pero siempre quedan las marcas del café sino se limpia con extrema potencia. El analizaba los textos de Barthes mientras con su mano izquierda cebaba el segundo mate con sabor a naranjas disecadas. Significado y significante, objeto, sujeto, decodificación, mensaje. ¿Se habría dado cuenta él que en medio del desayuno un interrogante se había liberado de la telaraña de su pelo?, ¿sabría él que Lolita lo había visto nadando en la taza pidiendo auxilio de ser respondido?, ¿imaginaría él que ella no lo iba contestar? Se secó las manos, se acercó a la mesa y con la punta de su nariz besó la barba hiriente de Juan, que sin levantar los ojos del texto le estrelló sus labios en la frente.
Ahora ella lo entendía, él sabía su respuesta pero él también prefería callar.
Ahora ella lo entendía, él sabía su respuesta pero él también prefería callar.

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