DICCIONARIO: LETRA __
Ente ridículo querible. Así te encontré en el diccionario que escribo y archivo sobre las personas que conozco, o que me choco, o que simplemente miro y miro detenidamente. Así estabas definido, con algunas referencias tuyas, no porque no vaya recordar tu nombre pero después de algunos años seguramente mi memoria comenzará a resquebrajarse y ya no vaya teniendo la misma capacidad de asociación entre palabras y caras, entre sustantivos propios y detalles pecosos.
Debajo de la definición de ente ridículo querible, encontré la siguiente anotación: ente querible ridículamente. No, no era una anotación que hacía referencia únicamente a vos, por más que implícitamente hacía alusión a la persona que miraba a través de tus ojos, era la más prudente y acertada definición de mi cariño hacia vos. Si, querible ridículamente. Te quería de a partes descuartizadas, de a trozos de tiempo contado por hormigas; te quería porque a medida que te conocía, menos cosas de vos me iban gustando y sin embargo más me seguían atrayendo. Te quería porque sabía que en la otra orilla nadie estaba esperándome, porque el puente lo construía y lo derrumbaba cuando tenía ganas. Te quería porque esperaba silenciosa e inconscientemente que construyas una balsa de pluma de ganso resistente al agua y me pasases a buscar y nos emparamáramos de arena en una cueva sin agua, sin puente, sin palabras, sin plumas, sin gansos, sin ridículos, sin entes, sin “quieros”, sin arena.
En lápiz, en el margen de la hoja, una letra apurada apresurada que aplastaba las “o” y que achataba las “l” y estiraba las “m” y las “s” decía: Ente ridículo querible, imposible evitar evitarlo. Y me pregunto porqué lo habré dejado en lápiz, porqué no habré pasado a tinta la frase como lo hice con todas las demás. ¿Creía que alguna vez podría llegar a evitarte realmente?, ¿suponía que era solo una cuestión pasajera? ¿Una no evitación momentánea?
Momento, ¿qué es el momento? Y la enciclopedia de la Real Academia Española me explicó que es una porción breve de tiempo. Entonces decidí buscar qué era breve ya que me parecía una definición un tanto vaga y amplia. A mi búsqueda, la enciclopedia me respondió corto. Absurdo, grité enfurecida al tomo de 500 páginas que no podía ser capaz de decirme coherentemente qué significaba momentáneo, breve, corto.
Todavía sigo sin poder establecer si mi no evitación fue duradera, pasajera, si fue demasiado prolongada o demasiado acotada. Lo cierto es que hace más de algunos años, más de tantos días, hace montañas de horas y de minutos que escribí esas definiciones, y acotaciones (eso lo sé porque después de tantas tesis, exámenes, artículos y reemplazo de letras mecanografiadas por garabatos manuales mi letra se volvió una especie de caracteres difícilmente legibles) y aún me paso los atardeceres y los amaneceres agitando mi mano desde la costa por si acaso me saliste a buscar, por si acaso tu barca anda desorientada y llegás a verme de lejos, por si acaso todavía tenés ganas de volverme a buscar y empaparte con arena en una cueva sin agua, sin puente, sin palabras, sin plumas, sin gansos, sin ridículos, sin entes, sin “quieros”, sin arena, conmigo.
Debajo de la definición de ente ridículo querible, encontré la siguiente anotación: ente querible ridículamente. No, no era una anotación que hacía referencia únicamente a vos, por más que implícitamente hacía alusión a la persona que miraba a través de tus ojos, era la más prudente y acertada definición de mi cariño hacia vos. Si, querible ridículamente. Te quería de a partes descuartizadas, de a trozos de tiempo contado por hormigas; te quería porque a medida que te conocía, menos cosas de vos me iban gustando y sin embargo más me seguían atrayendo. Te quería porque sabía que en la otra orilla nadie estaba esperándome, porque el puente lo construía y lo derrumbaba cuando tenía ganas. Te quería porque esperaba silenciosa e inconscientemente que construyas una balsa de pluma de ganso resistente al agua y me pasases a buscar y nos emparamáramos de arena en una cueva sin agua, sin puente, sin palabras, sin plumas, sin gansos, sin ridículos, sin entes, sin “quieros”, sin arena.
En lápiz, en el margen de la hoja, una letra apurada apresurada que aplastaba las “o” y que achataba las “l” y estiraba las “m” y las “s” decía: Ente ridículo querible, imposible evitar evitarlo. Y me pregunto porqué lo habré dejado en lápiz, porqué no habré pasado a tinta la frase como lo hice con todas las demás. ¿Creía que alguna vez podría llegar a evitarte realmente?, ¿suponía que era solo una cuestión pasajera? ¿Una no evitación momentánea?
Momento, ¿qué es el momento? Y la enciclopedia de la Real Academia Española me explicó que es una porción breve de tiempo. Entonces decidí buscar qué era breve ya que me parecía una definición un tanto vaga y amplia. A mi búsqueda, la enciclopedia me respondió corto. Absurdo, grité enfurecida al tomo de 500 páginas que no podía ser capaz de decirme coherentemente qué significaba momentáneo, breve, corto.
Todavía sigo sin poder establecer si mi no evitación fue duradera, pasajera, si fue demasiado prolongada o demasiado acotada. Lo cierto es que hace más de algunos años, más de tantos días, hace montañas de horas y de minutos que escribí esas definiciones, y acotaciones (eso lo sé porque después de tantas tesis, exámenes, artículos y reemplazo de letras mecanografiadas por garabatos manuales mi letra se volvió una especie de caracteres difícilmente legibles) y aún me paso los atardeceres y los amaneceres agitando mi mano desde la costa por si acaso me saliste a buscar, por si acaso tu barca anda desorientada y llegás a verme de lejos, por si acaso todavía tenés ganas de volverme a buscar y empaparte con arena en una cueva sin agua, sin puente, sin palabras, sin plumas, sin gansos, sin ridículos, sin entes, sin “quieros”, sin arena, conmigo.

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