Priscila a veces cree que puede, cree que sí. Creyó que sí. Entonces, suavemente con su mano blanca y delgada desata el cinturón que aprisiona su cintura. Madame Bovary, de seda es ahora, de flores rojas sobre fondo negro. De kimono es su cuerpo. Parada en medio de la habitación, su silueta es un monumento de arena pálida. Con un leve movimiento, suelta el cinturón sobre la alfombra verde oliva; emerge desde el telón entreabierto. El ombligo perfectamente circular bajo el foco principal de luz y más abajo florece oscuridad.
Hoy que es ella, suelta desde el rodete su pelo castaño. Sobre la espalda caen ondas sin orden alguno. Mueve un hombro hacia atrás, gira el otro; creando un oleaje las flores rojas sobre fondo negro se descascaran sobre el suelo. Madame Bovary es ya completa en el escenario. Con cuidado para no salpicar demasiados granos de arena, extiende sus brazos hacia los costados y abre la boca. El silencio es inmóvil, quieto el tiempo mientras ella lleva a cabo su función.
Giro y tres cuartos. El foco sobre sus pechos blancos y rojos sin flores. La luz cayendo y perdiéndose en la oscuridad menos impenetrable. El haz amarillo delineando los labios rosados y húmedos. Cierra los ojos chiquitos de pestañas enormes, cierra los puños pálidos. En un brusco movimiento pierde el equilibrio, la arena se desploma sobre la alfombra verde oliva.
“La ansiedad del juego”, se excusó ante aquellos ojos que la reprendían desde la vereda de enfrente.
Sies
No, no, no, no
No y no
NonononononoAl unísono disonante discordante: No
No.Por teléfono. Pasándome el salero. Metiéndose debajo de mi manta. En las hebillas del pelo. Sonriendo con dientes de sarro. Con descaro y desinterés. Con esceptisismo y demasiado positivismo.No
No. En un mail encadenado. Mirando una película francesa. Pateándome por debajo de la mesa. Por entre los apuntes de la facultad. En el asiento delantero de un auto verde. Con satisfacción de purpurina. No
No, no, no, no
No y no
Nononononono
Voy a recolectar los noes de estos días. Voy a coleccionarlos en una caja que después pintaré, que cerraré con extrema brutalidad y por fin sellaré. ¿Sellaré también? mis ganas de decirles que Si, que sisisisisisi y que no hay tu tía, mi tía y la de él. Que soy yo. Que soy yo y mi terco Si. Que es mi Si seguido de mí.
Si y Si. Sin No, sólo Si; Si con Si mismo
y conmigo
Que un día me van a ver engalanada de noes apretándome las nalgas, desfigurándome el cuello fino, abultando los pocos pechos, saliéndome como gusanos por el ombligo. Así me quieren: llena, repleta de noes carcomíendome las manos y las piernas. Dejándome desnuda de sies de pies a cabeza.
Sino es Si entonces No no será No
No será No pero No no será mío
No será mi no-No
Que se equivoquen sus astros y sus predicciones. Sus grandes secretos futristas, sus oportunos misterios develados de las estrellas, sus infortunios siéndome comunicados. Que ven poco más allá de sus científicas palabras, de sus racionales emociones. Que me colman y saturan. Uno a uno, voy llegando a setecientos. Que me canso de levantarlos del piso, de limpiarlos de los vidrios, de encontrarlos chapoteando en la bañera. Entienden de ecuaciones monosilábicas: No + Si= No No/Si = No; No-Si = No; No x Si = No Y punto y se termina. Y la física les da la razón como la química y las matemáticas. Y también la geografía. Y citan a Penélope y al arácnido tejedor. Y me citan y desplantan con su fatídico tragicómico No.
Un No[s]otros vale menos que Sies yoSetecientos Noes no son más que un cuarto (pequeño y oscuro) de los Sies que fui estampando contra mi carne todos estos años.Lo sabía: los necesitaría en época de guerra fríaDescascaren mis uñas, agujereen mi piel, pinchen con punzones la lengua, sangren mis ojos, descosan mis orejas. Estoy invadida, recubierta, tapizada, alfombrada. En los pezones blancos se reproducen, se alimentan entre los muslos, en los tubos de ensayos venosos se regeneran.Sí, es así. Sies así: Sies por todas partes. Si sin Noes. Si sin Noes Si
Misiva. En su memoria
Mr Orange: A modo de despedida, le escribo esta carta. El caso, mi Lord es que poco lo conocí a usted. Lamento haberme cruzado sólo dos o tres veces. Pude advertir, no obstante, toda la fineza y estilo que de usted se desprenden; pude darme cuenta del respeto que Su Señoría merece.Por dicho motivo sólo es que escribo esta carta en presente. Y, por otra parte, aunque sin virtud de hacer confesiones imprudentes el pretérito (im)perfecto me está trayendo algunas descomposiciones estos días.Mr Orange, desconozco la razón de haber sido testigo de tan elevadísimo acto. De tan honorable, memorable y conmemorable acción. Quizás la respuesta sólo pueda entenderse a partir de mi estrechísima amistad con su queridísima madrastra. Probablemente, hoy no escriba estas cuantas líneas por mí sino por ella. Jamás lo hará. Lo sé. Sólo déjeme decirle lo tanto que lo quería. Espero sepa entender su decisión. Ha sido difícil pero ella merece de mi parte una admiración incomparable por su valentía y sus principios morales. Lo ha hecho por usted. Lo explican sus lágrimas y sus manos temblorosas. El silencio con el que grita detrás de su boca sellada, de sus labios deshauciados de palabras.Mi Lord, hoy en su entierro conocí mejor a mi amiga y a su estimada madrastra. La vi: pálida, desconcertada, perdida. Hoy por primera vez asistí a un velorio. Fue lo más cerca que alguna vez estuve de un entierro. Sí, aunque no lo crea, aunque usted sepa que no crucé la puerta, que me quedé espiando del otro lado del virdrio.Su Señoría, jamás aprendí a dar las condolencias. Por eso, también escribo. Por mi torpeza.Un gusto, Míster Orange. Hasta luego (más temprano que tarde todos acabamos donde usted).Saluda cordialmente,Analía
Sonando con ritmo
Erámos hermanos. O fuimos hermanos. Pretérito perfecto simple.¿Simple? Era simple. Fue simple.Sin sellar ni firmar, sin letras chicas ni tintas invisibles, sin entrelineas ni criptogramas habíamos pactado un feliz dúo de superhéroes, un imbatible dueto de poderes sonando con ritmo. Los cuadritos de la historieta se reproducían y nosotros saltábamos juntos de uno a otro. Cuando el autor decidía que alguno debería derrotar solo a un villano, el otro espiaba desde detrás de la línea negra divisoria por si tenía que desplegar capa y sacar uñas. Fuimos hermanos aunque los personajes envidiosos que poco entendían de vos y de mí creían que algo menos fraternal sucedía entre nosotros. Fuimos hermanos y el autor nos daba una mano y me enroscaba en historias amorosas con héroes desconocidos y te presentaba mujeres atractivas en cada capítulo. Fuimos hermanos y nos sabíamos en miedos solitarios y fobias de ocho patas.Fuimos hermanos hasta que nos avisaron que nuestros árboles geneálogicos no se enredaban ni en España, Italia, Alemania o Turquía. Fuimos hermanos hasta que el autor se dio cuenta que ya no vendía demasiado. Hasta que reunió colegas, debatieron y tuvimos que aceptarlo.Entonces, fuimos muy buenos amigos.Y ningún cuadrito con mala intención y ningún autor despistado y con sobras de soledad pudo revertir esa situación. Aunque quisieron una y otra vez vernos destrozándonos y dejándonos y reprochándonos y llorándonos y abrazándonos y besándonos. Aunque quisieron miles de veces, (con colores distintos probaron, con lápices de punta diferente con distinto grosor) no hubo caso. Los pobres autores se creen inventores, creadores. Igual que esos estúpidos jugadores de ajedrez que piensan que dominan las piezas. Ninguno de ellos sabe que el caballo blanco y la torre negra tuvieron una secreta relación y por eso saldan sus cuentas. Los ignotos dibujantes, ignorantes escritores jamás supieron de nuestro pacto tácito, creyendo que nos construían a su medida, pensaron que podían hacer con nuestros cuerpos lo que quisieran.Fuimos hermanos. Ya nos hicieron saber que noErámos amigos...Y aún después de que la historieta dejó de comercializarse por los números en rojo del staff de creatividad, nos espiamos desde atrás de los cuadritos afilando uñas, desplegando capas por si tenemos que rescatarnos el uno al otro.Somos amigos, aunque desde el otro lado nos quieran convencer.Somos amigos sonando con ritmo, con un ritmo que sólo nosotros sabemos llevar.
La muerte sobre el pasto
Cayó una mariposa sobre la mesa mientras jugábamos al trucoMamá cirujana, mamá médica, mamá veterinaria la agarró desde las dos alas púrpuras y la llevó hasta el jardínCayó la noche sobre el pasto.Esa vez no lloré. La muerte siempre cae sobre el pasto cuando llega la noche. Las mariposas siempre caen de noche.Esa vez no lloré; me mudé a un departamento de dos ambientes. Sólo espanto moscas cuando la comida se junta en la vajilla, sólo amenazo cucarachas con un spray. Ninguna cae. Ninguna muere. No hay pastos ni noches en mi casa nueva .
De payasos y nenas
Qué payasito simpático, que clown más cómico, con qué facilidad maneja a los chicos, cómo los divierte, es encantador...¿cómo es su nombre? Ahh como lo que comemos en casa los miércoles a la noche, con ensalada. Bueno en proteínas es usted, sí, sí, se nota. Bueno, no hace faltan los piropos, pero le agradezco el cumplido. Los halagos son menos pudorosos con ese plástico rojo decorándole la nariz.
Le puedo decir cualquier cosa si total usted es un payaso bien vestido, si total tiene un girasol gigante que escupe agua detrás de la oreja, si total su voz es una impostora robada de la Nana nasal. Si usted juega a ser, yo puedo jugar a decir ¿o no?
Me callo. Porque la nena que debajo del clown sólo veía un clown cumplió la mayoría de edad. Junto con la emancipación le dieron un papel que decía claramente: desgarrar las vestiduras, espiar por debajo de las ropas, demaquillar las palabras.
Me callo. Me callo también porque el payaso es cada vez más seriamente divertido, más profesionalmente entretenido, más deliberadamente educado.
Me callo. La nena y el payaso crecieron. Separados.
Me callo. Porque no hay otra historia que escribir más que aquella que ya fue. Aquella que ya fue escrita tantas veces. Aquella que ya fue escrita y reescrita tantas veces. Y tantas veces rota, borrada, tantas veces llorada y arrinconada contra el olvido.
Me callo. La nena y el payaso quieren. Quieren un mundo parecido. Parecidos los caminos para construirlo. La nena y el payaso quieren. Se quieren. De lejos. En caminos parecidos para formar mundos parecidos. La nena y el payaso son distintos. Son distintos de antes cuando se querían juntos. Juntos por el mismo camino para llegar al mismo mundo.
Me callo. La nena ya no cree en los payasos. El payaso ya no cree que sea una nena.Me callo. Sin payasos ni nenas no tiene sentido seguir narrando un texto de payasos y nenas
Solo un cuerpo solo
Llegaste poco después de la catástrofeviste el cuerpo en estado de descomposiciónlos huesos roídos por la asfixia de un relojjuntaste venas, músculos, retazos de piel pálidapegaste pelos, labios secos bajo nariz desangradapusiste remera a lunares sobre pollera negra tableadamaquillaste tristezas en ojeras violetasen dos pies paraste el cuerpole sacaste el polvo del sucio suelocon marrón rojizo le delineaste una sonrisa que no habíalo miraste menos desechopresentable casi, lo vistete felicitaste, te enorgullecistelo saludastete fuisteUn cuerpo solo sólo es un cuerpo solomaniquí sin espectadorestatua viviente muriéndoseun cuerpo solosólo esun cuerposolo
Los Amigos
Abre la palma de la mano y deja escapar la luz opaca de su interior. Volá, desprendéte de los surcos, de las líneas. No te acomodés más entre los dedos. Le pide, le ruega. Andáte de mí, oscuridad.
Vuelve a cerrar el puño y espía dentro. Aún queda. Falta para que se vacíe.
Mucho, se llenó aquel día
nadie quiso mirar por si
el miedo de
desparramar oscuridad
en la mirada roja
de intriga
Cuervos sin picos
Tarántulas sin ojos
chillan
se apiñan
quieren carne
para arrancar
roja
y repletarse
completarse
Abrí la mano. Abríla, victoria. Abríla
Tus labios, rosas opaco. Casi blancos. Casi nada. Absorbidos por la misma boca. Casi invisible
Tus ojos, rojos que fulminan, enceguecen. Irradian ceguedad. Ceguera colorada destellante. Ciega, estásdesplumaciones negraslos surcos de la manorojas hendiduraslos antebrazosvictoriade polvo opacoluzinvadidacuervosy tarántulasoscuridadesparcidaen partículasadherentesa la miradaroja de intriganegraApuráte, victoria, eso debía haberte dicho. De prisa, tendría que haberte avisado. Son amigos. Los escuché conversar la otra noche junto al ventanal del comedor. Los cuervos, las tarántulas, la oscuridad, los metales del reloj. Son amigos. Y te arrastranTe llevanvictoriaTe consumenLo siento.