Desenchufar
¿Estás seguro? ¿Así creés que es? Caminar y juntar los recortes de diarios abollados de la vereda. Abrir y leer y encontrar y saber. Subrayado o con negrita, destacado o en cursiva, en recuadro, infografía o caricatura. Destinado a estar ahí; frente a tus ojos de conejo anaranjado que no te obligan, como a mí, a arrugar la nariz para ver las letras minúsculas de los periódicos. Destinado vos, líbelula gris parda, a recolectar esos trozos de noticias y andanzas, historias y crónicas.
¿Estás seguro que este es el funcionamiento de la máquina de azares y casualidades? Bueno, mi posición científica la conocés de memoria imagino. Ni cálculos, ni estadísticas, ni monedas ni palito más corto o más largo. Ni cartas marcadas, ni pares con flor. Tuerzo y estrujo, apreto y ahogo, libero y sigo. Ni tin marí de dopingüé, ni terrome tezín te robé.
¿Estás seguro que esta no es otra más de las señales inequívocas de esas que vos ves o escuchás? No tengo hilos que me marquen las muñecas, no paro a comprar flores en avenidas conocidas, no curso carreras sociales y no ando creyendo en esas cosas de patas de conejo, escaleras y gatos negros. No sé cómo funciona esta consola de la que hablás en que todo es montaje de escenografía, en que todo anda dispuesto para que vos te choques, lo juntes y lo mires y veas cómo improvisar con eso.
Anda suelto mi moño violeta, mis zapatos se embarran cada vez más en la placita de enfrente; yo juego a ponerle la cola al chancho con los ojos bien miopes pero bien abiertos. Algunas veces el camino se hace arduo, pozos y lagunas, patitos rojos envenenados; pero voy a donde voy siguiendo mi nariz arrugada y mis torpes pasos ortopédicos.
Creo que cuando era chiquita, jugaba con los cables y desenchufé esa máquina sin querer.
O quizás, eso es lo que creo
¿Estás seguro que este es el funcionamiento de la máquina de azares y casualidades? Bueno, mi posición científica la conocés de memoria imagino. Ni cálculos, ni estadísticas, ni monedas ni palito más corto o más largo. Ni cartas marcadas, ni pares con flor. Tuerzo y estrujo, apreto y ahogo, libero y sigo. Ni tin marí de dopingüé, ni terrome tezín te robé.
¿Estás seguro que esta no es otra más de las señales inequívocas de esas que vos ves o escuchás? No tengo hilos que me marquen las muñecas, no paro a comprar flores en avenidas conocidas, no curso carreras sociales y no ando creyendo en esas cosas de patas de conejo, escaleras y gatos negros. No sé cómo funciona esta consola de la que hablás en que todo es montaje de escenografía, en que todo anda dispuesto para que vos te choques, lo juntes y lo mires y veas cómo improvisar con eso.
Anda suelto mi moño violeta, mis zapatos se embarran cada vez más en la placita de enfrente; yo juego a ponerle la cola al chancho con los ojos bien miopes pero bien abiertos. Algunas veces el camino se hace arduo, pozos y lagunas, patitos rojos envenenados; pero voy a donde voy siguiendo mi nariz arrugada y mis torpes pasos ortopédicos.
Creo que cuando era chiquita, jugaba con los cables y desenchufé esa máquina sin querer.
O quizás, eso es lo que creo

0 Comments:
Post a Comment
<< Home