Un viento y tus zapatos
Otra vez el viento que levanta las polleras de las chicas de trenzas que caminan apuradas por llegar al colegio donde entre matemáticas y literatura aprenden los componentes químicos de besos y las fuerzas físicas de dos cuerpos.
Otra vez el viento que revela la secreta pérdida de pelo cuando arrebata sin aviso los sombreros de aquellos que sudan en pleno invierno por las acciones de la bolsa, los piquetes que atrasan el tránsito, la agotadora jornada laboral y el fin de mes que siempre es avaro y amarrete.
Otra vez el viento que enreda cabellos largos de muchachas elegantes recién bañadas, perfumadas para ir al trabajo, el viento que se cuela por debajo de las bufandas y los tres pares de medias de los nenes a los que sus madres visten con afán de no tener que pasarse hora tras hora haciendo baños de vapor y poniendo paños húmedos que calmen la tos y la fiebre.
Otra vez el viento que impide que las abuelas vuelvan sonrientes de las peluquerías y que los abuelos con un guiño sutil saquen a pasear a sus viejas parejas.
Otra vez el viento que arremolina papeles de caramelos en las calles de una Buenos Aires golosamente sucia, otra vez el viento que se roba de las zanjas de Corrientes las entradas de un espectáculo de la noche anterior en que muchos rierona carcajadas.
Otra vez el viento que despeina las palabras, que las vuelve suaves y tersas, que las eleva, las agita, las despega de la tierra, las levanta, las vuela. Otra vez el viento que calla el silencio, que enmudece la ausencia del sonido, que trae consigo ese torpe y atolondrado ruido de cáscaras de nueces vacías, de formas amorfas.
Otra vez el viento que bate las alas de las frases que me atormentan los oídos, con ese vals meloso y tanguero, con ese susurro seco de arrabal, que despierta un sonido de noche sin luna, un sonido que me hace temblar.
Otra vez el viento vuelve tus palabras tan livianas y obliga a gritar a mis lágrimas que habían prometido no volver a escapar. Otra vez el viento que rasguña el ayer y que desgarra el mañana. Otra vez el viento que te acerca tan volátil, tan etéreo; otra vez el viento, que como te trae, te aleja con ese sencillez y simplicidad; tu pecho no se agita, tus manos no transpiran, no te movés, no te inmutás, el viento hace su tarea y vos te dejas arrastrar. Otra vez el viento, otra vez esas palabras sin cadenas, esas frases sin horas, ese andar que va y viene, que lleva y trae, que acontece y no sucede, ese hacer deshaciendo, ese deshacer mientras se hace.
Otra vez el viento, y yo me río y me dejo tentar por esa brisa que me humedece los labios con verdades de papel, a las que también el viento se lleva a pasear minutos después. Otra vez el viento y lo quiero atrapar y retener, pero en medio de mi carcajada compulsiva y sonora, siento el frío de un metal que paraliza la sonrisa, otra vez el viento que no quiere quedarse, otra vez el viento que cala los huesos, otra vez el viento que se va, que se fue
Otra vez el viento y la calma, la tempestuosa calma de soledad. Esta vez no es ira, no es bronca, no es desilusion. Esta vez yo ya sabia lo que iba a suceder si volvía a mover la copa de los árboles, si agitaba el agua de océanos y mares. Sabia que el viento volvería, y que volvería también a acallarse.
Otra vez el viento que ya no reaviva el fuego que por el contrario va barriendo las cenizas y que limpia con ellas los rencores, las angustias, los reproches. Otra vez el viento, que enciende otros fuegos, que vuela lejos.
Otra vez el viento sin gris ausencia, sin fatídica melancolía, sin nostalgia de domingo. Otra vez el viento, esta vez se aleja y me deja una tenue sonrisa.
No fueron las palabras, ni las frases bien armadas, ni el rompecabezas que te gusta nunca terminar, es la comprensión de que tu predecible huida no es mi torpeza, no es mi incansable hablar, ni mi querer apresurado....
Es la incertidumbre aferrada a tus zapatos
Otra vez el viento que revela la secreta pérdida de pelo cuando arrebata sin aviso los sombreros de aquellos que sudan en pleno invierno por las acciones de la bolsa, los piquetes que atrasan el tránsito, la agotadora jornada laboral y el fin de mes que siempre es avaro y amarrete.
Otra vez el viento que enreda cabellos largos de muchachas elegantes recién bañadas, perfumadas para ir al trabajo, el viento que se cuela por debajo de las bufandas y los tres pares de medias de los nenes a los que sus madres visten con afán de no tener que pasarse hora tras hora haciendo baños de vapor y poniendo paños húmedos que calmen la tos y la fiebre.
Otra vez el viento que impide que las abuelas vuelvan sonrientes de las peluquerías y que los abuelos con un guiño sutil saquen a pasear a sus viejas parejas.
Otra vez el viento que arremolina papeles de caramelos en las calles de una Buenos Aires golosamente sucia, otra vez el viento que se roba de las zanjas de Corrientes las entradas de un espectáculo de la noche anterior en que muchos rierona carcajadas.
Otra vez el viento que despeina las palabras, que las vuelve suaves y tersas, que las eleva, las agita, las despega de la tierra, las levanta, las vuela. Otra vez el viento que calla el silencio, que enmudece la ausencia del sonido, que trae consigo ese torpe y atolondrado ruido de cáscaras de nueces vacías, de formas amorfas.
Otra vez el viento que bate las alas de las frases que me atormentan los oídos, con ese vals meloso y tanguero, con ese susurro seco de arrabal, que despierta un sonido de noche sin luna, un sonido que me hace temblar.
Otra vez el viento vuelve tus palabras tan livianas y obliga a gritar a mis lágrimas que habían prometido no volver a escapar. Otra vez el viento que rasguña el ayer y que desgarra el mañana. Otra vez el viento que te acerca tan volátil, tan etéreo; otra vez el viento, que como te trae, te aleja con ese sencillez y simplicidad; tu pecho no se agita, tus manos no transpiran, no te movés, no te inmutás, el viento hace su tarea y vos te dejas arrastrar. Otra vez el viento, otra vez esas palabras sin cadenas, esas frases sin horas, ese andar que va y viene, que lleva y trae, que acontece y no sucede, ese hacer deshaciendo, ese deshacer mientras se hace.
Otra vez el viento, y yo me río y me dejo tentar por esa brisa que me humedece los labios con verdades de papel, a las que también el viento se lleva a pasear minutos después. Otra vez el viento y lo quiero atrapar y retener, pero en medio de mi carcajada compulsiva y sonora, siento el frío de un metal que paraliza la sonrisa, otra vez el viento que no quiere quedarse, otra vez el viento que cala los huesos, otra vez el viento que se va, que se fue
Otra vez el viento y la calma, la tempestuosa calma de soledad. Esta vez no es ira, no es bronca, no es desilusion. Esta vez yo ya sabia lo que iba a suceder si volvía a mover la copa de los árboles, si agitaba el agua de océanos y mares. Sabia que el viento volvería, y que volvería también a acallarse.
Otra vez el viento que ya no reaviva el fuego que por el contrario va barriendo las cenizas y que limpia con ellas los rencores, las angustias, los reproches. Otra vez el viento, que enciende otros fuegos, que vuela lejos.
Otra vez el viento sin gris ausencia, sin fatídica melancolía, sin nostalgia de domingo. Otra vez el viento, esta vez se aleja y me deja una tenue sonrisa.
No fueron las palabras, ni las frases bien armadas, ni el rompecabezas que te gusta nunca terminar, es la comprensión de que tu predecible huida no es mi torpeza, no es mi incansable hablar, ni mi querer apresurado....
Es la incertidumbre aferrada a tus zapatos

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