Variete a la crem

Monday, April 24, 2006

Villanas

Su humor es el espejo más níveo de las literatas ruinas circulares. Es el gráfico más preciso sobre las etapas disímiles de los sitemas económicos. Su estado de ánimo o desánimo es ese segundo antes de saltar al vacío, es esa línea delgada que dibujan las ideas que uno tiene sobre la cornisa. La conformidad o deformidad de sus gestos tienen la rigurosidad del pulso en el policorde instante del orgasmo.
Sólo un centímetro, sólo un gramo de fuerza, sólo un apretoncito más. Del abrazo imprevisto y despojado de razones a la asfixia repentina, al ahogo estrepitosamente silencioso. Aghhh. Y cómo deshacerse de la ternura intempestiva, del odio aún más espontáneo. Aahhhhh.
Una hamaca, un vaivén, un subibaja; una calesita sin sortija. La vuelta al mundo, la montaña rusa más alta del mundo. Impredecibles tus repercusiones en cada uno de los que intentan divertirse a tus costas, en los que te montan, en los que te buscanen los parques y en los que te esperan por horas.
Sacrilegio y artilugios de cada mañana. Tu oración siempre elevada al cielo antes del yogurt y las galletitas con queso. Elevada al cielo, desde los confines de tu garganta sin estaciones intermedias; tu rezo tan ecuménico como ateo, despertador sin anestecia para los vecinos seguidores (involuntarios) de tus creencias.
Hay tan sólo un segundo, tan sólo un respiro más profundo, una sola palabra mal pronunciada. De la tarea de pintar tus dibujos, tus tramas, tu armario a romper pinceles, destruir roperos, rasgar la ropa. Aghhh. Y cómo amarrarte si te soltás de las cadenas y cómo atraparte si no te dejás tocar. Aghhhh.
Acertijo, problema matemático, planteo trigonométrico, cubo mágico. Criptograma, frases al revés, letras escondidas, autodefinido que nunca se definen. Pistas de color agatha que sólo un fumador de pipa inglés podría encontrar y utilizarlas para resolver sus casos. Domicilio: Laberinto borgeano, un custodio: el minotauro, fiera o bestia que no se deja acariciar.
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Soy tu peor enemiga. O la mejor amiga de tus vicios y tus imperfecciones, de tus errores y de tus excusas que quedan desnudas ante mis preguntas. Soy eso porque es el papel de reparto al que me congraciaste. Me diste el libreto de este personaje y yo lo interpreto tal cual lo exigiste. Soy quien quiere desarmarte y enfrentarte sin armas más que las palabras. Soy la villana en traje de cuero que quiere dejarte congelada en medio de la calle para que te redescubras tal y como sos. Me encargaste el rol de dépsota, orgullosa e irónica; me cediste ese papel de mujer débil que se cree fuerte, que está convencida que va a derrotar a la protagonista d ela historia, que va a aniquilarla en el último número del cómic, en la escena final (la recordada) del film.
Y cómo no entenderte y no callarme ante tus ciclotímicas transformaciones- deformaciones, y cómo no adecuarme a tus reglas sin regímenes, a tus órdenes que se contradicen, a tus gestos que piden y despiden. Si vos sos la directora, guionista, actriz principal de la maldita historia en la que me metiste.
No puedo negarme a ser partícipe, no puedo renunciar a este trabajo tan poco voluntario. Me clavás las uñas rojas en el antebrazo, me respirás incansablemente en la nunca mientras me decís fría y metódicamente las palabras que sabés que tengo que escuchar para seguirte en este juego. Apresás mi cuello entre tus manos escandalosamente fuertes, me acercás a la puerta (hasta que mi cabeza te anuncia que ya estamos contra ella), me mirás desde el hastío y la soberbia, esperás hasta que una lágrima se deslice por las pecas de mi mejilla y otra vez te reís, íntimamente.
Lo hacés de vez en cuando, cada tanto, para asegurarte que yo no me haya cansado y haya abandonado, sin decirte, el puesto de tu enemiga preferida, tu villana más detestada a la que disfrutás enfrentar en callejones sin salidas y la que te proporciona la alegría de una batalla vencida
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Wednesday, April 05, 2006

Intempestades de sábado por la noche

No lo pensé...

La idea había merodeado hacía unos días por mis manos temblorosas. Claro, no me había animado. Demasiados peces bajo el agua como para salir a pescar; la temerosa muchacha no desató la lancha; miedo a que los coloridos y acuáticos animalitos fuesen capaces de darle vuelta su embarcación. Y perder el equilibrio y caerse y mojarse y empezar a hundirse y no salir fácilmente a la superficie y no tener de donde agarrarse y gritar desaforada sin que nadie la escuche.
El plan había quedado sin fuerzas antes de empezar. Felicité a mis impulsos por su nueva toma de control. Se estaban volviendo cada vez más domesticables, más dóciles. Se estaban dejando apresar con calma, sin oponerse, sin clavarme las uñas en la cara y llenarme de arañazos la frente. Por suerte, iban doliendo cada vez un poco menos. Gatitos que y no salían de caza, que se dedicaban a ronronearme en el lomo mientras ovillaban la lana roja de mi futuro suéter.

Salimos el sábado, unas cervezas emborracharon a la napolitana con ajo. A pesar de las idas y vueltas de los vasos mi idea, esa idea, seguía siendo inconsistente, puro aire, aire que llenaba de espuma a la Brahma helada. Yo hablaba con mis amigas de un duende con sombrero y les contaba historias de hadas y príncipes extranjeros.

No lo pensé...

Y con el guiño cómplice de alguna, en silencio pedí permiso y me retiré unos minutos del lugar.
Lo comprobé. Tenía mi celular encima. Lo comprobé. Había señal. Lo comprobé. Todavía me acordaba tu número de memoria...

Te llamé

Lo comprobé. Soy muy miedosa. Escuché tu voz tan compuesta, tan grave, tan diáfana de ayeres, tan segura de presentes...

No lo pensé y te corté