DUETOS VACIOS
Enfrentados, sólo dos tabiques huesudos separan tus ojos pardos de los míos oscuros, tus labios húmedos de los míos, sedientos. Cantamos un himno de aquel rojo cubano que enarbola en su guitarra utopías latinoamericanas. Tarareamos, silbamos, gritamos, suspiramos una canción que tiene humo, mariposas y ayeres. La letra con sangre, entra. Y en la memoria sobrevive aunque hace tiempo que no la escuchamos que no la cantamos. La recordamos sin esfuerzo, como si esas palabras fueran inherentes a nuestras gargantas, innatos atributos de nuestras cuerdas vocales. Inhalamos, bocanada de aire para continuar la andanza. Dueto de respiración. El aire se vacía de la canción, se despoja de los dos. Hay un instante (hasta que volvemos a ser el mejor dúo coral de desiguales melodías), en que el espacio se repleta de la nada, se desinfla del todo. Hay un momento, en que el tiempo carece de tiempo, en que el aire queda suspendido en el aire, en el que vos y yo somos nadie. Y en esa porción de tiempo sin agujas, nos desconocemos y nos perdemos. Y me invade el vacío de tu risa que se llena de mi mirada hueca.
Pedazo de tierra despatriada; bahía, callo, ensenada que pertenece a todos y a ninguno. Nadie despliega una bandera sobre ese montículo de arena que se alza a la espera. Nadie se entrega a la guerra pacífica de la apropiación. Nada de jueces, de contratos con letra chica, ni de llaves maestras. Área libre y liberada, monumento al silencio, al vacío, a la nada.
Inhalación acabada. Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo. Exhalamos fuego, alas rojas y violetas, pasados perfectamente pretéritos. Hilos graves, sogas finas. Se repleta el aire. De vos y de mí. De Silvios y de Rodríguez. Se agranda el espacio entre vos y yo. Se repleta de suspiros rítmicos, de notas enlazadas con moños de corcheas negras y blancas. Se llena del todo, la nada. El vacío se (des)ocupa. Y el aire carece de aire y ya no se sostiene porque pesa y cae. Y se escucha el andar del tiempo, que tiene ese caminar tan repulsivo que suena a tic y a tac. Y me desinflo de yo y te desenvolvés de vos. Nos invadimos lentamente, llenándonos de los dos. Un nosotros inclusivo, que incluye al mundo en un respiro.
Y el aire vuelve a ser canción. Cómo me gusta esto de cantar a dúo con vos. Cómo ansío ese instante en que dejamos de ser dueto para ser polvo de aire. Para ser remolino de silencio, para inhalar la nada y dejar vacío el todo.
Pedazo de tierra despatriada; bahía, callo, ensenada que pertenece a todos y a ninguno. Nadie despliega una bandera sobre ese montículo de arena que se alza a la espera. Nadie se entrega a la guerra pacífica de la apropiación. Nada de jueces, de contratos con letra chica, ni de llaves maestras. Área libre y liberada, monumento al silencio, al vacío, a la nada.
Inhalación acabada. Hoy recuerdo mariposas que ayer sólo fueron humo. Exhalamos fuego, alas rojas y violetas, pasados perfectamente pretéritos. Hilos graves, sogas finas. Se repleta el aire. De vos y de mí. De Silvios y de Rodríguez. Se agranda el espacio entre vos y yo. Se repleta de suspiros rítmicos, de notas enlazadas con moños de corcheas negras y blancas. Se llena del todo, la nada. El vacío se (des)ocupa. Y el aire carece de aire y ya no se sostiene porque pesa y cae. Y se escucha el andar del tiempo, que tiene ese caminar tan repulsivo que suena a tic y a tac. Y me desinflo de yo y te desenvolvés de vos. Nos invadimos lentamente, llenándonos de los dos. Un nosotros inclusivo, que incluye al mundo en un respiro.
Y el aire vuelve a ser canción. Cómo me gusta esto de cantar a dúo con vos. Cómo ansío ese instante en que dejamos de ser dueto para ser polvo de aire. Para ser remolino de silencio, para inhalar la nada y dejar vacío el todo.

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