Variete a la crem

Tuesday, March 21, 2006

Arquitectónicas cobardías

Las maquetas siempre fueron problemas en madera para mí. Laberintos, rompecabezas, acertijos, adivinanzas de materiales variados pegados con pegamento muy caro. Me resisto a diseñar planos, a levantar puentes; me niego a construir muros y derrumbar ventanas (o viceversa). No soporto la idea de plasmar en un papel, en un carbónico, en arcilla, en una tela mis ideas incorpóreas. No pretendo, estampar en ningún sito un plan de vuelo, un cronograma, una cuadrilla llena de números y letras.
Para eso las hago de plastilina, para machacarlas, para deformarlas, para cortarlas, suprimirlas, estilarlas, alargarlas, ensancharlas, afinarlas; para moderles un pedazo, para superponerla con otras y que queden de colores combinados. Para moldearlas a mi antojo, según mi ánimo. Para hornearlas y enfriarlas sin que estallen en el congelador ni que se derritan en el horno. Decorarlas con canutillos, purpurinas, lentejuelas. Perfumarlas con Carolinas Herreras y Calvins Kleins, con esencias de frutillas y duraznos. Para lavarlas, enjuagarlas, limpiarlas, pulirlas. Quiero mis ideas, mis planes hechos de plastilina para transformarlos cuando sea preciso, cuando yo precise.


Hoy me gustaría tener esa paciencia de arquitecto, ese suspiro profundo, ese pulso en la mano. Quisiera construir un choza chiquita en un Valle de Ángeles (que también yo diseñaría). Un barrio cercado, cercano a San Isidro, frente al río. Traería montañas sin nieve para que sea un valle, ciertamente. Compraría tres caballos, un boxer miedoso que no ladre, algunas ovejas y un par de vacas sólo para decorar (porque con los caballos y el perro alcanzaría). Por la avenida Córdoba conseguiría las maderas, las telas, las pinturas necesarias para tu humilde hobby pintor. Por el Congreso hay algunos comercios de música donde podrías elegir el piano de cola, el saxo, la guitarra eléctrica que no trajiste y un nuevo tambor. En Plaza Francia podrías mirar algunos tapices centroamericanos para colgar en las paredes blancas,; unos cuantos adornos de roble, esculturas talladas para cuando te canses de hacerlas vos.
Hoy me gustaría tener esa paciencia que me falta, esa facilidad para plasmar mis ideas aunque sea en palabras precisas y concisas. Me gustaría conseguir de alguna manera esa habilidad para usar otro material que no sea plastilina. Quiero construirte una casa con ventanas clásicas, con ladrillo a la vista, que tenga un patio espacioso donde puedas ensayar tus vueltas, tus patadas, tus movimientos rítmicos al compás de un tambor. Quiero que la casa sea chiquita para no perder tu olor dentro de ella; quiero que en la cocina el aroma sea de tortillas con quesillo, fritas. Hoy me gustaría tener la suficiente valentía para armar una casa en la que habiten un hada (con pollera floreada y pañuelo en la cabeza) y un duendecito (con botas de cascabel y sombrero con hoyuelos). Quiero una casa en la que
mañana sea todavía.

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